Sobre la película Tuentifourseven de Soraya González Guerrero en el Ciclo DOCMA de enero de 2026, por Santiago Varela Antúnez
Soraya González Guerrero se adentra en las profundidades del cuidado familiar mediante una observación sostenida y honesta de su propio entorno, registrando con su cámara la transformación de la vida cotidiana de su familia a raíz del accidente que dejó a su padre en situación de tetraplejia. A partir de este acontecimiento, la vida tal y como la conocían se ve radicalmente alterada, iniciando un proceso irreversible de adaptación que la cineasta documenta desde una mirada íntima y prolongada en el tiempo. La cámara, inicialmente concebida como un instrumento para narrar la experiencia del padre, termina revelando un relato mucho más amplio y complejo sobre el cuidado, la dependencia y las dinámicas familiares.
En un contexto social marcado por el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento progresivo de la población, los casos de familiares que asumen el rol de cuidadores son cada vez más frecuentes. Esta realidad se ve agravada por el progresivo deterioro de las instituciones públicas, especialmente en ámbitos como la atención sociosanitaria, consecuencia de los continuos recortes presupuestarios. En este escenario, en ciudades como Madrid, envejecer o vivir con diversidad funcional se convierte, en muchos casos, en un privilegio reservado a quienes disponen de recursos suficientes. Las familias con menor capacidad económica se ven obligadas a sostener el cuidado de sus seres queridos mediante un esfuerzo constante que busca evitar su exclusión social. Este trabajo recae mayoritariamente sobre las mujeres, reflejo de una estructura social profundamente atravesada por el machismo, que sigue asignando los cuidados al ámbito femenino. A lo largo del proceso de observación, Soraya González Guerrero toma conciencia de estos roles de género preexistentes dentro de su propia familia, lo que la conduce a un ejercicio de autocrítica que amplía el alcance político y social de la obra.
Desde el punto de vista formal, resulta destacable la factura técnica de la película, que, pese a haber sido realizada con recursos económicos limitados, alcanza un notable valor artístico y documental. El relato se construye a lo largo de siete años, periodo en el que las grabaciones domésticas adquieren progresivamente mayor peso narrativo y expresivo. Este dilatado proceso temporal permite observar no solo la evolución de la familia, sino también la transformación de la propia mirada de la directora, así como de su forma de filmar y de pensar el cine. El resultado es un retrato profundamente conmovedor, que oscila entre el dolor y la ternura, y que da cuenta de la resiliencia de una familia que lucha por sostenerse frente a la adversidad.
La película se presenta, en definitiva, como una propuesta de gran relevancia social, capaz de conjugar humor, ironía y crudeza sin renunciar a una mirada esperanzadora. Más allá de su dimensión íntima, la obra reivindica el cuidado como un trabajo esencial y digno, que debería ser reconocido institucionalmente, especialmente en un contexto en el que las personas dependientes requieren atención durante periodos prolongados. Asimismo, el film plantea una reflexión necesaria sobre la centralidad de la mujer en las tareas de cuidado y la urgencia de liberar este rol de las inercias del machismo intrafamiliar, apostando por una redistribución equitativa de las responsabilidades y por una transformación profunda de las estructuras que sostienen la desigualdad.
Con la colaboración de:
![]()

