Fotograma de Las manos de una madre de Jesús Lacorte
Sobre la sesión de cortometrajes ‘Los cuidados y el recuerdo’ en el Ciclo DOCMA de marzo de 2026, por Julián Etienne y Santiago Varela Antúnez
Este programa reúne trabajos de cuatro escuelas (EQZE, ECAM, la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto de Cine de Madrid) que coinciden al situarse en un umbral – entre la vida y la muerte, entre la vigilia y la pérdida de conciencia, entre el recuerdo y el olvido-.
Destaca en todas ellas la confianza en el saber de lo corpóreo: el tacto guiado por el amor de una madre, el trazo de un pincel que recuerda un camino, la lenta espera de un paciente o la generosidad de la materia fílmica que se deja habitar por un hongo.
Lo que sigue, entonces, es una invitación a habitar ese umbral junto a ellas: cinco formas de mirar lo frágil sin pretender salvarlo, y descubrir que, precisamente ahí, en lo que se desvanece, late una verdad que solo el cine puede hacer visible.
EL TERCER PAISAJE (Julen Etxebarria)
En primera instancia, este filme pareciera inscribirse en una práctica de cine de vanguardia que, antes de representar el entorno, lo atraviesa y lo habita. El escenario es el bosque pintado de Oma, la intervención del artista Agustín Ibarrola realizada en los años ochenta en Bizkaia. Cuando se rodó el cortometraje, el bosque estaba en abandono; un hongo había enfermado los árboles, tiñendo sus troncos de tonos pardos. ¿Es el hongo, entonces, un agente destructor? Aquí aparece una agencia no humana que no anula el gesto artístico, sino que lo prolonga y lo transforma. El potencial creador del hongo se confirma en la decisión formal de infectar la película de 16 mm con el propio hongo. La desaparición de la imagen en el negativo original transita así un proceso análogo al del bosque. El título del cortometraje remite al concepto del paisajista Gilles Clément, quien denomina tercer paisaje a los espacios excluidos de la gestión humana ―márgenes, ruinas, terrenos abandonados― donde la biodiversidad prospera sin intervención. He aquí el gesto que podríamos llamar de un “tercer cine”, no en el sentido de Solanas y Getino, sino como un cine animista, más‑que‑humano: un cine que renuncia al control total sobre su propia imagen, cede parte de su materia a procesos no humanos y descubre, en esa cesión, una forma de conocimiento.
UN INDIVIDUO MUERE (Benjamín Alejandro Casanueva Flores / Paco Martínez-Abarca / Román Nuñez Soria / Ivan Dimitrov Alexandrov)
La muerte forma parte del ciclo natural de la vida, pero en las sociedades occidentales queda relegada al silencio y a la oscuridad, ajena a toda belleza. Las flores, en su insistencia de arrojar hermosura al mundo, para pocos días después morir y dejar la estela de aquello que fueron, se convierten aquí en protagonistas. Jorge las cuida, y ahí florece su dedicación a lo bello hasta en el último suspiro de la existencia humana. Lo efímero y lo eterno retratados a través de la delicadeza, con una cámara que observa y celebra lo que está vivo.
EL MAL D’HÈRCULES (Marta Rodríguez Quesada / Marina Miguel Pavia / Paula García Escolá / Laia Balaguer / Ismael Cabrera / Eulàlia Clarós Sidera)
En la antigüedad, la epilepsia (conocida como el “mal de Hércules”) se consideraba una enfermedad sagrada. Este documental explora la experiencia de la pérdida de conciencia y el estado mental que se vive durante una crisis epiléptica, siguiendo con minuciosa atención el trabajo de investigación médica que la rodea. En un hospital de Barcelona, un grupo de pacientes con epilepsia es sometido a una serie de pruebas y a la privación del sueño con el objetivo de inducir una crisis. Ante esos instantes tan elusivos, se despliega el largo proceso de preparación, la espera, el intercambio de conversaciones entre los pacientes y el espacio suspendido del hospital, que replica el trajín cotidiano de la vida.
AD MARE: Hacia el mar (Noemí Nebel)
Los recuerdos forman parte de la memoria imperecedera del abuelo de Noemí y la representación de estos en una pintura, supone la conexión del cerebro con la mano. El cuerpo es capaz de reconocer los caminos que ha recorrido con anterioridad, ya sea los pictóricos o los terrenales, espacios que no se olvidan a pesar de que pase el tiempo y que muchas veces están asociados a las personas que queremos. Algún día haremos ese viaje hacia el mar acompañados de los recuerdos que hemos creado con nuestro círculo más cercano, y en nuestro último aliento aparecerá una imagen, la del mar en movimiento.
LAS MANOS DE UNA MADRE (Jesús Lacorte)
Un viaje, un reencuentro, una mirada. Las manos de una madre como forma de calmar el alma. Recuerdos narrados en presente a través de la memoria consciente de una madre que lo sigue siendo, pero que ya dejó de ser hija hace tiempo. Un testimonio en tiempo presente, que algún día servirá como carta de amor a alguien que ya no está, porque al fin y al cabo somos eso, miradas, viajes, sentimientos, sensaciones y experiencias. Como las manos de una madre no hay nada, porque fueron y son cobijo, porque su tacto nunca se olvida y nosotros somos fruto de ellas.
Con la colaboración de![]()
