Sobre la película Tratado de Invisibilidad de Luciana Kaplan en el Ciclo DOCMA de Abril de 2026, por Ruth Somalo
Desde niña, he sentido una fascinación difícil de explicar por quienes barren las calles. Recuerdo haberla descubierto leyendo Momo de Michael Ende, cuando a los once años me imaginaba a Beppo Barrendero, ese personaje que enseñaba que no hay que pensar en toda la calle de una vez, sino en el siguiente paso, en la siguiente respiración. En su gesto se hallaba la ética de habitar el tiempo sin ansiedad, la de encontrar sentido en la repetición y en el trabajo bien hecho, la de resistir, sin estridencias, a la violencia de la prisa.
Las protagonistas de Tratado de invisibilidad resisten también, sin estridencias, a lo más feroz del capitalismo depredador. En este documental híbrido, Luciana Kaplan recoge las experiencias de mujeres limpiadoras y barrenderas de Ciudad de México. Sus voces revelan una estructura de explotación profundamente normalizada. “El capitalismo se ha construido sobre el trabajo oculto de las mujeres”, escribe Silvia Federici en varios de sus libros. Y sus palabras resuenan con fuerza al escuchar los testimonios de las protagonistas, especialmente al oír las palabras de Rosalba, de 70 años, que barre las calles del centro, de Aurora, de 58, que trabaja en la Terminal 1 del aeropuerto, y de Claudia, de 35, que limpia en el metro.
Ellas, como la gran mayoría de las trabajadoras de la limpieza en México, están empleadas por empresas subcontratadas por el gobierno, sin contrato laboral y sometidas a condiciones profundamente precarias y vejatorias. Estas mujeres no solo mantienen las calles, sino que sostienen la vida misma de la ciudad, aun cuando su labor permanece fuera del campo de lo visible.
En un acto de justicia poética, Kaplan las escucha, observa y acompaña con una atención que es a la vez ética y estética. Para proteger a una de las protagonistas que sería despedida por participar en el documental, la directora recurre a un casting de mujeres que acaban componiendo el personaje, ahora coral, de Claudia. Al representar e identificarse con su historia, estas actrices tejen una voz que amplifica la experiencia de sororidad que permea toda la película. La refinada fotografía en blanco y negro de Gabriel Serra no solo dignifica su trabajo, sino que se convierte en un gesto de cuidado que deja huella en la conciencia del espectador.
El documental propone así una tensión fundamental. ¿Cómo mirar este gesto cotidiano sin vaciarlo de su dureza material? ¿Cómo reconocer la dignidad del trabajo sin caer en su estetización? En ese delicado equilibrio se juega gran parte de su potencia y de la fuerza de su denuncia. Tratado de Invisibilidad articula una narrativa que integra la crítica social, la denuncia de la violencia machista, la empatía que emerge de la observación participativa y una mirada profundamente artística.
En medio de la dureza que describe, la película se expande a través del carisma y la fortaleza de una comunidad solidaria, mostrando una coreografía de gestos compartida en el espacio y en el tiempo. Una coreografía que se sostiene con dignidad y esperanza, y que, desde su persistencia, insiste y resiste mientras imagina la posibilidad de un futuro más justo.
Con la colaboración de ![]()
