Sobre la película Monikondee de Tolin Alexander, Lonnie van Brummelen y Siebren de Haan en el Ciclo DOCMA de mayo de 2026, por Santiago Varela Antúnez
Tolin Alexander, Lonnie van Brummelen y Siebren de Haan logran trasladar al espectador a Surinam a través de su proyecto Monikondee, mediante una cámara que se integra en la cotidianidad y acompaña a las distintas personas que habitan el entorno del río que separa la Guayana Francesa de Surinam. La obra se articula como un relato que visibiliza el impacto creciente de las políticas capitalistas en un territorio históricamente regido por normas vinculadas a la naturaleza, las tradiciones ancestrales y una economía basada en el intercambio.
La colonización neerlandesa introdujo en Surinam un sistema económico fundamentado en el extractivismo. Inicialmente, fueron los europeos quienes controlaron la explotación de los recursos naturales del país; sin embargo, tras la independencia en 1973, esta lógica fue progresivamente asumida por la propia población local. Este proceso ha derivado en una transformación de los valores sociales, donde la cooperación y la solidaridad han cedido terreno frente a dinámicas competitivas orientadas a la obtención de beneficio económico, con consecuencias tanto sociales como medioambientales.
El film construye su mirada a través del recorrido fluvial guiado por Boogie, quien conduce una embarcación de madera a lo largo del río, configurando así un dispositivo narrativo que permite al espectador aproximarse a una realidad poco presente en los cines de España; la explotación contemporánea de los territorios del Caribe. Surinam aparece como un espacio de crecimiento económico que, sin embargo, evidencia una pérdida de equilibrio respecto a modelos de vida anteriores. En este sentido, la película funciona como un espejo ambivalente: por un lado, interpela a las sociedades europeas en relación con su legado colonial y su histórica hegemonía extractiva; por otro, refleja las tensiones internas de una sociedad que enfrenta el riesgo de fragmentación como consecuencia de la primacía del beneficio económico sobre el bienestar colectivo.
Desde el punto de vista formal, Monikondee destaca por su sensibilidad estética, la potencia de sus imágenes y el ritmo pausado de su propuesta narrativa, que favorece una observación atenta del entorno y de sus habitantes.
Se trata de una obra de notable relevancia medioambiental y social, que permite visibilizar realidades poco conocidas y que subraya la necesidad de que estos territorios, sometidos a procesos de explotación, puedan articular su propia voz y reivindicar su valor en el contexto global.
Con la colaboración de ![]()
