Texto por Claudia Barthelemy y Alberto Pascual

 

El 26 de mayo tuvimos la oportunidad de visitar el Centro de Conservación y Restauración de Fondos Fílmicos Carlos Saura (CCR), dependiente de la Filmoteca Española y del Ministerio de Cultura. La visita formaba parte de la cuarta edición de las jornadas Documenta Pro, organizadas por Cineteca Madrid y Madrid Film Office en el marco de Documenta Madrid.

Para quienes trabajamos habitualmente con imágenes de archivo, la visita permitió comprender de manera muy tangible qué significa preservar la memoria audiovisual de un país. Si habéis tenido la oportunidad de ver el documental Cine, registro vivo de nuestra memoria (2011) de Inés Toharia Terán, podríamos decir que la visita al edificio del CCR materializa la película: permite ver y sentir desde dentro el trabajo de conservación y la complejidad de esa tarea.

La impresión más fuerte que nos dejó la visita es que la preservación audiovisual sigue siendo una tarea urgente y frágil. En la Filmoteca insistieron varias veces en una idea fundamental: las películas no se conservan solas. Si no llegan al archivo, pueden perderse. Y aunque gran parte de la producción contemporánea nace ya en digital, la preservación a largo plazo sigue siendo un problema técnico complejo y en permanente transformación.

También resulta imposible no detenerse en un dato que se repitió varias veces durante la jornada: apenas unas 25 personas sostienen una infraestructura encargada de conservar una parte fundamental de la memoria audiovisual española. La dimensión del trabajo y la limitación de recursos hacen aún más evidente, la necesidad de valorar y reforzar este tipo de instituciones.

 

El edificio como máquina de conservación

El edificio actual del CCR, diseñado por el arquitecto Víctor López Cotelo e inaugurado en 2012, fue concebido específicamente para la conservación cinematográfica. No se trata de un almacén adaptado sino de una infraestructura diseñada en función de las necesidades de los materiales que alberga.

Gran parte del complejo se encuentra bajo tierra y está organizado alrededor del control de temperatura, humedad y estabilidad ambiental. La arquitectura responde más a una lógica técnica que administrativa: cada espacio existe porque cubre una función concreta de conservación.

Hay algo especialmente interesante en la visita, permite materializar físicamente una actividad normalmente invisible. La preservación deja de ser una idea abstracta para convertirse en salas, depósitos, protocolos y personas trabajando sobre materiales extremadamente frágiles.

1. Servicio de documentación y catalogación

La primera parada de la visita fue el área de documentación, encargada de la catalogación, la administración del sistema documental y la custodia de toda la información asociada a las obras conservadas por la Filmoteca.

Allí pudimos ver los armarios con baldas giratorias que albergan expedientes de unas 40.000 obras. Estos expedientes reúnen documentación técnica, materiales de restauración, artículos, información sobre derechos, copias existentes y toda clase de materiales asociados a cada película.

Resultan especialmente interesantes las antiguas fichas de exhibición con la indicación de censura que acompañaban físicamente a las latas de película. En ellas se registraban incidencias administrativas, cortes impuestos por la censura, clasificaciones de público y otros datos fundamentales para reconstruir la historia material y política del cine en España.

Desde 2022 se archiva también de forma sistemática toda la documentación generada por nuevas donaciones y depósitos. Aunque la Filmoteca no gestiona directamente los derechos de explotación de las obras, sí mantiene actualizada la información relativa a transmisiones de titularidad y situación jurídica de los materiales.

La catalogación combina hoy fichas históricas, bases de datos digitales y documentación asociada. Actualmente está en fase de integración de todos los fondos en un nuevo catálogo OPAC que permitirá consultar desde un único punto gran parte de los materiales conservados.

Uno de los aspectos más interesantes de este departamento es que la catalogación implica muchas veces una auténtica labor de investigación. Nos explicaron casos en los que la identificación de imágenes históricas ha requerido cruzar prensa de época, documentación administrativa y materiales audiovisuales fragmentarios para reconstruir acontecimientos concretos. ( por ejemplo, localizar imágenes de un incendio histórico en Zaragoza a través de referencias en prensa y conectar esos artículos con los apenas dos minutos filmados conservados en el archivo).

Los fondos conservados abarcan mucho más que el cine comercial. Incluyen cine amateur, películas industriales, reportajes históricos, materiales de la Escuela Oficial de Cinematografía, fondos del NO-DO, cine primitivo, nitratos coloreados, colecciones en formatos como Super 8, etc.

2. Conservación y restauración fotoquímica

La segunda parte de la visita estuvo dedicada al área de conservación y restauración, donde se trabaja principalmente desde una lógica de conservación preventiva.

Todos los materiales que ingresan en la Filmoteca pasan por una inspección técnica. Actualmente la inmensa mayoría de las entregas obligatorias llegan en formato digital, especialmente las producciones beneficiarias de ayudas públicas, que deben depositar DCP, materiales accesibles y documentación asociada.

Desde 2023, los productores tienen la obligación de entregar una copia de la obra cinematográfica en el Depósito Legal correspondiente, siendo el Centro de Conservación y Restauración de Fondos Fílmicos, o el que haya establecido cada comunidad autónoma, los encargados de su conservación. El volumen de ingresos no deja de crecer: según nos explicaron, en 2023 recibieron unas 300 entregas y actualmente ya se superan las 1.000 anuales. Sin embargo, el cumplimiento del depósito legal audiovisual sigue siendo uno de los grandes retos del sector. No existen mecanismos sancionadores realmente eficaces y buena parte del trabajo consiste en sensibilizar a productores y propietarios sobre la importancia de depositar sus materiales. El objetivo último es concienciarnos del interés en preservar el patrimonio audiovisual y permitir el acceso al mismo con fines culturales, de investigación o información a futuras generaciones .

La restauración constituye otro de los ámbitos más fascinantes del trabajo del centro. Nos sorprendió muchísimo saber que el número de restauradoras: solo tres restauradoras en plantilla para la administración pública a nivel estatal!!! (Actualmente, por ejemplo, el centro no dispone de una restauradora en plantilla)

Restaurar una película implica mucho más que reparar daños físicos o digitales. Cada proyecto obliga a tomar decisiones históricas y editoriales: determinar qué versión debe reconstruirse, comparar copias censuradas y no censuradas, interpretar materiales incompletos o decidir cómo devolver a una imagen un aspecto lo más cercano posible al original.

También desarrollan investigaciones propias sobre técnicas de digitalización de materiales especialmente frágiles, utilizando sistemas de encapsulado que evitan someter las perforaciones a tensiones mecánicas durante el escaneado. Muchos de los hallazgos se publican.

 

El “Voltio”: el búnker del nitrato

Aunque no pudimos acceder a su interior, durante la visita nos explicaron el funcionamiento del llamado “Voltio”, el depósito destinado a películas en nitrato de celulosa.

Este espacio es anterior al edificio principal y fue construido en 1992 como instalación de alta seguridad debido al enorme riesgo de combustión espontánea del nitrato, soporte utilizado en el cine hasta mediados del siglo XX. Precisamente por ese peligro se construyó separado del resto de instalaciones y con una lógica casi militar, similar a la de un polvorín.

El nitrato es extremadamente inflamable y, si entra en combustión, resulta muy difícil de apagar. Por ello, el Voltio está organizado en una veintena de celdas independientes con sistemas específicos de ventilación, climatización y monitorización ambiental. Los materiales más degradados se aíslan (en la celda 16, que es la única con ventilación exterior) para evitar riesgos de contaminación y acelerar la detección de posibles problemas.

Nos explicaron que el centro realiza un seguimiento constante de la degradación mediante sensores ambientales, medición de contaminantes y cámaras termográficas capaces de detectar variaciones mínimas de temperatura. Todo el sistema está diseñado para anticipar problemas antes de que lleguen a convertirse en una situación de riesgo.

3. Laboratorio digital

La última parte de la visita nos llevó al laboratorio digital, donde se realizan procesos de digitalización, restauración y preservación digital.

El laboratorio trabaja tanto con materiales fotoquímicos como magnéticos, y se encarga de generar copias digitales de preservación y acceso. Disponen de escáneres capaces de alcanzar resoluciones de hasta 6,5K y han llevado a cabo proyectos de gran envergadura, como la digitalización de más de 50.000 minutos del NO-DO. De hecho, parte de estos materiales fueron reescaneados por la propia Filmoteca para alcanzar estándares de calidad superiores a digitalizaciones previas (de RTVE).

Trabajan con formatos como DPX, WAV o DNx y con distintos estándares internacionales de preservación digital, prestando especial atención a los metadatos que permiten garantizar la recuperación y comprensión futura de los archivos.

De nuevo se hace evidente la falta de recursos: ante la escasez de personal, buena parte de las digitalizaciones son encargadas a TRAGSA.

 

La paradoja digital

Uno de los temas más interesantes que atravesó toda la visita fue la fragilidad de la preservación digital.

Tendemos a pensar que digitalizar equivale a conservar, pero la realidad es bastante más compleja. Los responsables del laboratorio explicaron que la preservación digital implica un proceso continuo de migración y actualización tecnológica. Los soportes envejecen, los formatos quedan obsoletos, los programas dejan de funcionar y los dispositivos de lectura desaparecen.

Actualmente utilizan sistemas LTO de hasta 12 TB, considerados entre los soportes más fiables para preservación a largo plazo. Sin embargo, incluso estos tienen una vida útil limitada (en torno a 10 o 12 años) y requieren migraciones periódicas.

La preservación digital aparecía así descrita como una especie de “bucle infinito”: conservar significa volver a copiar, verificar y migrar constantemente. El reto ya no es únicamente almacenar información, sino garantizar que pueda seguir siendo leída e interpretada en el futuro.

La reflexión resulta casi filosófica. Durante la visita comentaron una idea muy sugerente: algunos de los nitratos conservados actualmente podrán seguir siendo consultados dentro de cien años, mientras que resulta mucho más difícil asegurar la supervivencia de un disco duro, una memoria USB o muchos de los formatos digitales que utilizamos hoy.

Frente a la aparente fragilidad del material fotoquímico, algunos soportes analógicos correctamente conservados han demostrado una estabilidad sorprendente. La preservación digital, en cambio, depende de un ecosistema tecnológico en permanente transformación.

En ese sentido, el futuro de los archivos digitales no consiste en guardar para siempre, sino en cuidar continuamente.

 

Acceso público y futuro

Durante la visita también se habló de los retos relacionados con el acceso a los fondos. La Filmoteca se encuentra en un momento de reflexión sobre cómo facilitar el acceso y la reutilización de materiales, especialmente aquellos que van entrando en dominio público.

En este contexto se mencionó la plataforma PLATFO, orientada a mejorar la consulta y localización de materiales mediante distintos sistemas de búsqueda y filtrado.

También surgió el debate sobre el acceso a los fondos del NO-DO. La Filmoteca ha realizado importantes esfuerzos de digitalización y progresivamente algunos de estos materiales están entrando en dominio público, abriendo nuevas posibilidades para investigadores, documentalistas y creadores audiovisuales.

Cabe señalar que la adquisición de archivo del NO-DO en dominio público en 4K deberá gestionar directamente con Filmoteca. El 1 de enero de 2027 entrará en el dominio público el material producido en 1946 y así sucesivamente.

 

Una infraestructura cultural esencial

La visita deja la sensación de que la Filmoteca no conserva únicamente películas. Conserva también documentos, tecnologías, contextos históricos, conocimientos especializados y formas de acceso al patrimonio audiovisual.

En una época marcada por la producción masiva de imágenes, el trabajo del CCR recuerda que preservar no significa simplemente almacenar. Preservar implica garantizar que esas imágenes puedan seguir siendo comprendidas, investigadas, restauradas y reutilizadas en el futuro.

Y detrás de esa tarea se encuentra un equipo sorprendentemente reducido que sostiene una de las infraestructuras culturales más importantes (y probablemente menos visibles) del país.