Ciclo de cine militante, por David Varela y Samuel Alarcón

(…) así pues, es el triunfo del reino de la alta finanza, de la bancocracia bajo la protección poderosa del poder fiscal, burocrático y policial que se apoya sobre todo en la fuerza militar, y es, por consiguiente, esencialmente despótico aun enmascarándose bajo el juego parlamentario del pseudoconstitucionalismo.

Estatismo y Anarquía (1873), Mijaíl Bakunin

 

No hay que ser politólogo, ni muy sagaz, para darse cuenta de la vigencia de las palabras de Bakunin, escritas hace prácticamente siglo y medio. Que estamos y estuvimos a merced del gran capital es cosa obvia. Que la cúpula sociopolítica se ha encargado históricamente de protegerse aprovechando su condición, es una evidencia que se nos muestra diariamente en forma de bucle mediático. Que todos somos de alguna forma responsables subsidiarios de haber conformado un desgobierno así, es discutible y discutido, aunque aceptarlo resulta de una gran utilidad si pretendemos asumir ciertas responsabilidades en el desaguisado. Y que en medio de todo este marasmo contemporáneo han existido y existen personas, grupos y asociaciones de todo orden e ideología que han luchado con su cuerpo, con su libertad y hasta con su vida, por revertir, o por lo menos desacelerar esta plaga, es un hecho, o mejor un axioma histórico que nos gustaría reivindicar con este ciclo dedicado al cine militante y de contrainformación.

Dos épocas históricas con cuarenta años de distancia entre sí, y dos generaciones para enfrentarlas, transformarlas y mostrarlas a través de su cine. De las luchas antifranquistas a los movimientos sociales que cristalizaron en conciencia pública a raíz del 15M. Figuras representativas del tardofranquismo y la denominada Transición. Nombres imprescindibles para entender nuestra cultura, actual y pasada; algunos aún en activo, otros tristemente fallecidos, o injustamente olvidados, o aparcados por determinadas ideas y tendencias de las élites cinematográficas que entienden el cine de denuncia social como un hermanastro indeseado de la no-ficción. Aquí están sólo unos pocos, a título personal o a través de colectivos y cooperativas donde se nutrían unos a otros. Por otro lado, nombres del cine de hoy, que gozan de la frescura de estar realizando su primera o segunda película y que recogen un testigo espiritual y estético, que fagocitan en un contexto absolutamente inédito.

Efectivamente son épocas radicalmente distintas en términos históricos y políticos, no hay duda, pero en las que se repiten también muchos elementos que las hacen reverberar una en la otra: asambleas, manifestaciones, brutalidad policial… Las condiciones de entonces obligaban a los cineastas a trabajar en una constante clandestinidad. Apoyados por partidos políticos y sindicatos de izquierdas, algunas (pocas) televisiones extranjeras y un amplio abanico de intelectuales y artistas, sus métodos de trabajo rememoraban las guerrillas urbanas y las técnicas de espionaje. Sin embargo, hoy en día, se permite al cineasta trabajar bajo una aparente y controlada libertad total. El acceso a la tecnología es tan evidente y natural que cualquier ciudadano, con el uso de sus dispositivos cotidianos (smartphone, laptop, tablet) tiene en su poder un estudio de cine portátil.

Entonces, la distribución y exhibición era uno de los grandes caballos de batalla. Por eso, iniciativas como las de El Volti y Central del Curt, que crearon una red de distribución funcional de este cine clandestino fueron fundamentales. Buena parte de las obras que incluimos en esta muestra tuvieron la oportunidad de llegar al público -a través de cineclubs, asociaciones vecinales o centros sociales-, gracias a la labor de estas organizaciones, que dependían, a su vez, del trabajo y la valentía de tantos otros colaboradores en la exhibición y el traslado de las copias. Hoy en día se han retomado parte de esos canales de exhibición con el público más exigente y concienciado. Las películas llegan a los espectadores por cauces donde se recupera la autogestión: centros sociales y cooperativas, festivales financiados por medio del micromecenazgo, cines comerciales en quiebra rescatados por vecinos y asociaciones sin ánimo de lucro. Además, a día de hoy, difundir un video en Vimeo o YouTube es tan fácil como pulsar un botón virtual. Las redes sociales y su potencial para captar simpatizantes son una engañosa pero pragmática vía de distribución que parece escapar a la oficialidad del establishment. En lugar de censura hay un fuerte control que observa, almacena y confía en el ahogo de los mensajes masivos.  El apetito insaciable hacia nuevos contenidos entierra la vigencia de los aún recientes. Los fondos y las formas se repiten a veces con excesiva frecuencia, cayendo en cierto formulismo estético que hace suyos métodos publicitarios y televisivos que, paradójicamente, son criticados por los propios movimientos contestatarios desde donde se realizan los audiovisuales. El peligro, bajo nuestro punto de vista, es caer en la reiteración de códigos de dominación y olvidar que en el propio acto creativo de hacer cine, que en la reformulación, crítica y superación de las formas de enfrentar el lenguaje de imágenes y sonidos, podría estar esa llama de inconformismo y empuje que encontramos en la sociedad en cambio y trasmutación que se quiere retratar.

Resistencia es lo que aún pervive tras los casi 40 años que median entre lo que se pretendía que fuera una ruptura democrática -y acabó por ser una reforma consensuada y continuista en la que muchos sintieron la traición desde sus propias filas-, y las consecuencias directas de ese travestismo político en la sociedad actual. O por dibujarlo mejor a través de dos de las películas del ciclo: la fiesta de la derrota final en Numax presenta… abre el camino de la frustración y aceptación hacia un futuro encarnado en el símbolo yermo y hueco de un Edificio España donde reverberan las palabras utópicas y desencantadas de todos los obreros del mundo. Aunque afuera, en las calles, se escuchan de nuevo otras voces que animan a la esperanza.

Con este ciclo hemos querido trazar una línea de ida y vuelta sobre la historia moderna de nuestro país. Cinco programas dobles con los que pondremos a conversar autores y películas, militancias y levantamientos populares, toma de fábricas, movimientos asamblearios y antiglobalización, críticas, autocríticas y análisis de una sociedad donde se repiten y reflejan políticas, esperanzas, miedos y dudas. Un cine contestatario y exigente que vive plenamente arraigado en su época, que se poliniza de una generación a otra, vivificándose, creando un diálogo que nosotros, los que suscribimos, creemos esencial para toda sociedad, o como mínimo para esa parte de la misma que quiere y gusta de abrir sus sentidos y cerebros a otras formas posibles de gobernarse y crear por, para y desde la comunidad en la que viven.

Redacción David Varela y Samuel Alarcón

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Dónde Sala Berlanga. Calle Andrés Mellado 53, Madrid. Cómo llegar.
Cuándo del 6 al 16 de septiembre de 2014

  1. Noviembre 10, 2014

    baidu

    Ciclo de cine militante, por David Varela y Samuel Alarcón- Asociación de cine documental good articles

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