Sobre Salir de aquí, de Juan Manuel Ruiz Jiménez, Paolo Aguilar Boschetti, Daniel Vidal Toche y Alejandro Pérez Castellanos, Escuchad mi canción, de Shani Gruman y Bubota, de Carlota Bujosa (Sesión Cortos de escuelas); por Ager Mendieta.

La búsqueda de un hogar que no es físico, la revisión de las raíces o el proceso de filmar la memoria son algunos de los temas que exploran los jóvenes directores de estos cortometrajes, que a la vez, componen un tríptico sobre viajes al pasado a través de las imágenes y los sonidos, el cuerpo y la palabra. Cada mirada proviene de un lugar diferente, de momentos únicos, pero comparten el encuentro con el archivo familiar, ese “otro cine” que ha tenido vida propia pero que en el presente permite vivir en el olvido.

Recuerdo

El mediometraje del colectivo de jóvenes que dirigen Salir de aquí es un testimonio que aborda el sentimiento del viaje a ninguna parte. Suscita preguntas que dejan entrever la asociación entre sueños y recuerdos. “¿Soy yo el que viaja?” sugiere la voz en off. Un hombre que vuelve a su pueblo natal, Asturias, tras ser desterrado por la guerra. El viaje comienza con un túnel sin salida, un constante movimiento que el hombre no consigue recordar, todo son imágenes y sonidos que le transportan a un paraje desconocido. Las construcciones de edificios se funden con la historia de un joven que dibuja su soñado viaje al espacio, la cámara admira la luna, el cielo, y deja de lado su propia imagen. De algún modo concluye con reflejos en el agua, el propio impulso de redimirse a través de un pasado desdibujado por la memoria y reconstruido por la propia sensación de vivir. Mirar al cielo y sentirte en todos lados y en ninguna parte.

Reconstrucción

La realizadora Shani Gruman opta por la nostalgia para recordar un pasado desvanecido por las propias imágenes de las cámaras de su familia. Al igual que en Salir de aquí, Gruman realiza un viaje al pasado a través de los propios mecanismos del cine. Un trípode y un micrófono le redirigen a su familia, el proceso de reconstrucción a través del archivo mediante elementos del presente. “¿Por qué filmamos?” se pregunta esta vez la directora. La pieza consigue tejer un relato en torno a la búsqueda de un hogar, con su propio cuerpo y su lenguaje, una liberación que la encuentra con la vuelta al pasado, en imágenes ajenas pero conocidas que le provocan el sentimiento del recuerdo. Un personaje dibujado por el rastro de una promesa que ha ido construyendo como cineasta.

Realidad

Gruman filma su propia alma y su cuerpo, el viaje de la memoria, y la realizadora de Bubota también revisita su propia historia, el encuentro con el olvido, un olvido buscado. Dos miradas que congelan, rebobinan y desfiguran sus raíces para buscar una realidad en su presente, un estado de pertenencia a través de la cámara. Carlota Bujosa se plantea su vida a través de la muerte de sus dos padres, el que la ha criado, educado y querido, y el biológico. Las imágenes revelan entrevistas que parece que predicen un futuro ya escrito. Espacios domésticos cabalgan con objetos con los que Bujosa conectó en su infancia, como un diapasón. Este objeto tiene la capacidad de controlar el tiempo y la directora lo utiliza como mecanismo para reflexionar sobre las decisiones que toma una persona, cómo enfrentarse a las imágenes de un padre que no ha conocido de verdad. Esa espera se plantea en imagen a través de una niña que llama por teléfono eternamente, el archivo familiar como respuesta a un futuro lleno de preguntas.

La realidad es el recuerdo a través de la reconstrucción de imágenes y sonidos, y la mirada de este tríptico deja constancia de este eterno viaje: para sentir, para comunicarse, para buscar un refugio a través del cine, para vivir en el olvido, el recuerdo y la realidad.

 

 

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